Pensamiento computacional en el aula: primeros pasos.

La normativa educativa actual nos lanza un mensaje bastante claro: el pensamiento computacional y la robótica han llegado para quedarse en nuestras aulas. Ya no son algo puntual o complementario, sino una parte importante de lo que debemos enseñar para preparar a nuestro alumnado en un mundo cada vez más digital.
Si miramos la Orden de 30 de mayo en Andalucía, vemos cómo esta idea aparece reflejada de forma explícita. En el área de Matemáticas, por ejemplo, se propone trabajar el pensamiento computacional a través de procesos como organizar datos, descomponer problemas, reconocer patrones o crear algoritmos sencillos que ayuden a entender y resolver situaciones de la vida cotidiana. En Conocimiento del Medio, además, se da un paso más, planteando que el alumnado utilice este tipo de pensamiento dentro de proyectos de diseño, colaborando para crear soluciones creativas a problemas reales.
Todo esto nos sitúa ante una pregunta inevitable: ¿cómo llevamos realmente el pensamiento computacional al aula? Porque más allá de lo que dice la normativa, el verdadero reto está en encontrar formas de hacerlo accesible, significativo y conectado con la realidad de nuestro alumnado.
Aprendiendo cómo piensan las máquinas
Hace ya algunos años que empecé a interesarme por todo lo relacionado con el pensamiento computacional. Al principio, más desde la curiosidad que desde una idea clara de cómo llevarlo al aula. En ese proceso, hubo una lectura que me marcó especialmente: Inteligencia Artificial, naturalmente, de Nuria Oliver.
Para quienes no la conozcáis, Nuria Oliver es una de las referentes en el ámbito de la inteligencia artificial en España, con una trayectoria internacional muy sólida en investigación y divulgación. Pero más allá de su currículum, lo que realmente me enganchó de su libro fue la forma en que plantea la relación entre humanos y máquinas: cercana, comprensible y, sobre todo, llena de preguntas que invitan a reflexionar.

Imagen libre: Pictures of Nuria Oliver
Recuerdo que, mientras leía, no podía evitar pensar en mi alumnado. En cómo ese mundo del que hablaba —algoritmos, datos, decisiones automatizadas— no es algo lejano, sino parte de su presente. Y ahí empezó a tomar forma una idea que ya no he abandonado desde entonces: si queremos que nuestro alumnado entienda el mundo en el que vive, necesita algo más que saber usar la tecnología; necesita comprenderla.
Ese fue, en realidad, mi punto de partida. No tanto enseñar programación como tal, sino empezar a explorar cómo desarrollar en el aula una forma de pensar que les ayude a analizar, descomponer, cuestionar y crear.
Aterrizando en el aula
Algo que me ayudó a dar los primeros pasos en el aula fue el material creado por el equipo de Programamos. En una de sus entradas —cuyo enlace comparto más abajo— proponen una recopilación de actividades “desenchufadas” para trabajar el pensamiento computacional. Y, sinceramente, para quienes no contamos con grandes recursos tecnológicos en el aula, este tipo de propuestas son un auténtico punto de apoyo.
Lo interesante de estas actividades es que permiten trabajar conceptos clave sin necesidad de dispositivos electrónicos, o combinándolos de forma flexible. Esto, además de facilitar su implementación, ayuda a centrar el aprendizaje en lo verdaderamente importante: la forma de pensar, no la herramienta. La batería completa de actividades se puede consultar AQUÍ.
Otro recurso que me resultó especialmente útil para iniciar al alumnado en el pensamiento robótico fue Cody Roby. En mi caso, utilicé sus cartas de dirección y diseñé mi propio tablero adaptado al contexto de mi clase. Este tipo de dinámicas funcionan muy bien porque convierten el aprendizaje en un juego, pero sin perder el foco en habilidades como la secuenciación, la orientación espacial o la resolución de problemas.
Si te interesa explorarlo, puedes encontrar más información aquí:
https://programamos.es/cody-roby/
A partir de ahí, también empecé a crear y adaptar mis propios materiales. Uno de ellos es la actividad “Ecosistemas desenchufados”, pensada para integrar el pensamiento computacional dentro de contenidos curriculares de forma natural. Te dejo el enlace por si quieres echarle un vistazo: https://goo.su/T7u80

Esta actividad forma parte de una Situación de Aprendizaje titulada “Los ecosistemas: regalos con vida”. En nuestro caso, al estar en Almería, el trabajo giró en gran medida en torno al estudio de la Posidonia oceánica y su papel dentro del ecosistema marino.
Beneficios para el alumnado
Jamás pensé que el trabajo en torno al pensamiento computacional pudiera generar tantos beneficios. Cuando se desarrolla con cierta consistencia, el alumnado comienza a poner en juego capacidades que van mucho más allá de la propia actividad: analizan mejor la información, organizan sus ideas, descomponen problemas complejos y buscan soluciones de forma más autónoma.
Pero, sin duda, una de las mayores sorpresas llegó en las pruebas de evaluación y diagnóstico. En ellas aparecían tareas que exigían precisamente este tipo de procesos —comprender una situación, identificar patrones, seguir secuencias o tomar decisiones paso a paso— y mi alumnado supo afrontarlas con seguridad ya que habían desarrollado una forma de pensar que les permitía enfrentarse a lo desconocido.

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