Pensamiento crítico. "Pequeños Pensadores, Grandes Preguntas".

FUENTE: Kenny Eliason - Unsplash
En estos días he estado trabajando con mis alumnos de 8 años algo que considero esencial: aprender a pensar por sí mismos. Vivimos rodeados de mensajes rápidos, respuestas prefabricadas y opiniones que nos llegan ya “precocinadas". A veces, el mundo parece empeñado en dárnoslo todo enlatado, sin dejarnos espacio para cuestionar, dudar o construir una mirada propia.
Por eso, en clase hemos dedicado tiempo a argumentar, escuchar y formar una opinión personal. No se trata solo de decir “me gusta” o “no me gusta”, sino de aprender a justificar, a buscar razones, a sostener una idea y también a revisarla cuando hace falta. Y lo más bonito es ver cómo, cuando se les da la oportunidad, los niños y niñas descubren que pensar es un acto poderoso, creativo y profundamente suyo.
Esta primera entrada recoge parte de ese camino: nuestras conversaciones, nuestras pequeñas grandes conclusiones y la importancia de educar mentes que no solo repitan, sino que piensen.
Para ello, seguimos el siguiente proceso que invitó al alumnado a mirar, cuestionar y construir sus propias ideas.
La argumentación: descubrir cómo se estructura un buen razonamiento Comenzamos explorando las partes de una argumentación. Fue un primer paso para entender que opinar no es solo decir lo que uno piensa, sino saber sostenerlo con razones.
Qué es el pensamiento crítico y por qué importa Después hablamos sobre qué significa realmente “pensar críticamente”. Reflexionamos sobre la importancia de tener una opinión propia en un mundo que a menudo nos ofrece respuestas rápidas y ya definidas a través, sobre todo, de las redes y. Les animé a descubrir que pensar por uno mismo es un acto de valentía y de libertad.
Vídeo y debate: “Máquinas vending, ¿sí o no?” Vimos un vídeo que planteaba una pregunta cercana a su vida cotidiana. Dividimos la clase en dos grupos —a favor y en contra— y, tras permitir tiempo para que escribieran sus argumentos, dimos inicio al debate. Mientras hablaban, tomamos nota en la pizarra de las ideas que iban surgiendo. Fue emocionante ver cómo escuchaban, discrepaban y afinaban sus argumentos. Este es el vídeo que utilicé para la actividad:
Escritura de argumentos con la plantilla O-R-E-O. Para cerrar el proceso, cada alumno escribió sus propios argumentos utilizando una plantilla OREO que encontré en la red. ¡Hay una gran variedad de modelos! ¡Gracias a quienes compartís!. Esta herramienta les ayudó a organizar sus ideas, justificar su postura y expresarla con claridad. Ver cómo sus opiniones tomaban forma en el papel fue una de esas pequeñas grandes alegrías del aula. Os dejo una foto de los resultados. Para tener solo 8 años, no está mal, ¿no? 😉

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